A lo que iba, mi infancia. Los recuerdos de mi infancia son escasos y borrosos, todos ellos en un ambiente lleno de verde, eso sí. Es de lo poco que recuerdo con claridad. Recuerdo a alguno de mis amigos, con los que solíamos jugar a perseguirnos, y más de una vez acabábamos con cortes y heridas por las piernas de las zarzas que crecían por la zona y por alguna que otra caída al tropezar con las raíces de un gran árbol.
Otro de los recuerdos que más claro preservo es el Gran Árbol, el Árbol de la Sabiduría. Era el árbol más grande de la zona en la que todos convivíamos. La leyenda cuenta que comenzó a crecer antes de que nosotros, los revolanos, siquiera existiéramos, y que fue bendito y protegido por el poder de las hadas del bosque, los únicos habitantes por aquella época. El árbol creció mucho más de lo que cualquier árbol normal podría crecer, y aun así continuaba siendo más y más grande cada vez. Pero en el bosque surgió una amenaza, un ser maligno apareció y acabó con las hadas. Y el árbol murió con ellas, pero no de la forma que un árbol normal moriría, perdiendo sus hojas y secándose, no. Este árbol permaneció intacto en su exterior. Pero sin embargo, se hizo un extraño orificio en la base por el que comenzó a expulsar todo su contenido, excepto la corteza. Por ello el Gran Árbol se sitúa en lo más alto de una colina. Esa colina es la savia del árbol, con sus tejidos, en el que comenzaron a crecer más plantas. Nuestros antepasados descubrieron ese agujero y al apoyarse en él se resquebrajó la corteza, dejando una entrada a su interior que se ha conservado así hasta nuestros días.
La verdad es que esta leyenda siempre me fascinó mucho, sobre todo la parte de la muerte de las hadas. Nunca se especificaba quién o cuál fue el monstruo que acabó con las hadas. A veces, al ver cómo los mayores mataban a sus presas pensaba que tal vez las hadas fueran buena comida y por ello acabaran mis antepasados con ellas. Al rato, siempre me acababa convenciendo de que era una tontería, que las hadas eran buenas y nadie las mataría. Pero si hubiera sabido sobre la futura Desolación, mi opinión habría cambiado sobre el tema...
El Gran Árbol, después de haber sido descubierto su interior, fue sufriendo una serie de transformaciones que lo llevaron a ser lo que es actualmente. Al comienzo era solamente un sitio en el que resguardarse. Más tarde, se convirtió en un sitio de reunión para toda la comunidad que vivía a su alrededor. De lugar de reunión se convirtió en lugar de enseñanza. Y de ahí a lugar de conocimiento sólo había un paso. Y así llegó a ser el Árbol de la Sabiduría. En este proceso no solamente fue variando su función, sino que también fue variando su estructura. Primero se construyó una segunda planta, para poder así tener a los pequeños todos juntos mientras los mayores se reunían en consejo en la planta baja, más amplia. Pero no fue hasta su función como escuela cuando tomó su estructura actual, o una muy similar. La planta baja servía de lugar de reunión. La segunda planta era donde los niños aprendían, su clase. La tercera planta se hizo para guardar libros de un nivel sencillo, fáciles de entender. La cuarta planta albergaba libros complejos, que sólo gente con amplio conocimiento de la cultura y el medio podía comprender.
Hubo una modificación posterior en el Gran Árbol que lo hizo convertirse finalmente en el Árbol de la Sabiduría. Fue la construcción de una quinta planta cuyos secretos estaban reservados a unos pocos elegidos. Así, el Árbol acabó siendo una metáfora del conocimiento y se ganó este nombre. Su base era accesible a todo el mundo. Había que ascender un poco más para poder comprender lo que te rodea y manejarte con ello. Si subías un poco más, empezabas a conocer las curiosidades del mundo que nos rodea. Al subir ya bastante, podías llegar a comprender ligeramente los mecanismos que mueven el mundo. Y en la cima, donde sólo los más sabios consiguen llegar, ¿quién sabe lo que nos espera en la cima? Sin embargo, sí que sabemos que da una preciosa vista general de todo. De todo, excepto de lo que tienes justo debajo.
Y fue en la segunda planta de esta extraña edificación donde comencé a estudiar. Nos enseñaban a leer y a escribir, pero también lo básico para sobrevivir en el bosque: cómo cazar, qué plantas eran venenosas al tacto, qué era comestible y qué no, un poco de todo. Aunque yo era físicamente torpe, destacaba entre mis compañeros por mi capacidad de plantear las cosas con antelación y saber lo que iba a ocurrir antes de que ocurriera. Para los demás era algo sobrenatural, para mí era meramente lógico, y por ello conseguía finalizar mis tareas mucho antes que el resto, eso sí, con el doble de arañazos y golpes. Y así fue como terminé mi educación básica. Todavía me quedaba bastante más que estudiar, pero me temo que he de dejar la historia por hoy, el aparato este se me descarga de nuevo... Voy a ver si encuentro alguna forma de no perderlo de nuevo, como me pasó ayer ya... O alguna forma de encontrarlo más fácil... Bueno, voy a poner esto al sol, a ver cuándo puedo continuar con mi historia...
Smaug