Hace un año, le regalé a mi
padre un libro y un marcapáginas para su cumpleaños. Desde entonces, no se ha
terminado el libro. Veo que lo abre, lo lee, lo cierra. Al día siguiente hace
lo mismo, pero el marcapáginas cambia de lugar. A veces avanza, otras
retrocede. Me extrañaba que hiciese eso. Aún así, él siempre sonreía. ¿Se perdía entre las páginas? No, la
respuesta es que hoy el médico me ha dicho que tiene alzhéimer. Parecía bonito, ¿verdad?
Dávila