miércoles, 4 de diciembre de 2013

El árbol de la colina: Preludio

16 de octubre de 1783. Un grito desgarra la noche.

Diario del Dr. Palmer
Todavía no alcanzo a comprender los hechos que han acaecido en la casa de la Familia Sadness. Debo dejar constancia de esto para que las generaciones que me sucedan sepan por qué Hapinnessville dejó de ser un lugar próspero y feliz. Porque la gente lo preguntará... no sé por qué, pero lo preguntará... porque ese niño... Dios nos guarde...

jueves, 28 de noviembre de 2013

“Cantarle a alguien con los ojos cerrados me parece la forma más bonita de tener miedo.”
— Idol of Roses.


Ya no puedo más, siento que no tengo fuerzas para seguir haciendo nada.
Las peores cicatrices no son las pequeñas marcas que pueden verse en mi brazo, son las de dentro, las que no se ven.
He llegado a mi fin, a mi límite. Ya no puedo dar un paso más, no puedo. Ya me he estirado todo lo que podía, y más de lo que debía. Por ti. ¿Y qué recibo a cambio? Muchas veces ni la cuarta parte. Pero es igual, yo seguiré estirándome hasta que me duela. Más. 
Ya no soy capaz de pintar todo como un caminito de rosas perfecto. La realidad es totalmente distinta, la realidad es un montón de espinas que arañan, se clavan, se hunden en mi carne y luego escuecen.
Y en ese momento, en el que escuecen, llegas tú con un puñado de sal que echas en mi herida. Y yo sigo aguantando la situación, y sigo, y sigo. Pero ya no puedo, por mucho que quiera.
No tengo fuerzas para intentar ignorar las espinas, no tengo fuerzas para intentar esquivarlas. No tengo fuerzas ni para intentar esquivarte a ti y a tu sal.

La situación me duele, por mucho que tú no hagas nada. ¿Eso quiere decir que no tenga que doler? Pues duele, escuece y quema. Si pretendes que con todo esto yo esté bien, no puedes estar más equivocado.
Ayer pensé que me equivoqué, que era tonta por haber estado dando tantas vueltas al tema. Pero después de lo que ha pasado hace una hora, lo siento, sigo creyendo lo que todo este tiempo y aún más fuerte.
Y aunque tú no hagas nada, ella sí. Y duele. Pero es igual, tú siempre encontrarás un doble sentido a todo, por muy estúpido que sea, para intentar rebatir lo que yo diga y darle la cara a ella.
Eso me cansa.
Mientras a mí me habías dejado abandonada en un jodido laberinto de espinas, a ella le regalabas rosas. ¿También tiene que sentarme bien?
No. No. No. Y no.

Podría intentar que la situación no me hiciese tanto daño. ¿Crees que no lo intenté desde un principio? Pero cada vez me hace más daño. Y más. Y más.
No puedo estar pasándolo mal todos los días, pensando si habrá pasado algo o no, si tal, si cual... No puedo. Yo no me merezco estar llorando cada día o cada dos días. No sé qué merezco, pero esto tal y como está, no. Y me niego a seguir aguantando según qué cosas.

Te quiero y lo sabes, pero me haces daño. Hay momentos, veces, en las que me dueles. Y me dueles más de lo que piensas.
Ya ves, no sólo es la situación la que hiere, también eres tú y tu sal.
¿No tiene que dolerme que la prefirieses a ella antes que a mí? ¿O que te diga que no puedo más y no hagas nada para que esté mejor?

Te dije que no te diría un "o ella o yo". No quería.
Bueno, ya ves que lo he hecho. Imagina ahora cuánto me tiene que estar doliendo todo, imagina cómo tengo que estar por dentro, imagina lo agotada y desgastada que estoy.
Si has tenido algo o no, no me importa. Si lo tendrás o no, tampoco me importa. Lo que me importa y tengo muy claro es que no pienso tolerar ningún tipo de engaño o mentira. Quien desaprovecha una segunda oportunidad, no merece una tercera. Y tú vas por la segunda. Tú sabrás que haces con ella, porque por mucho que te quiera, no habrá una tercera.

Y duele toda esta mala racha, porque quiero pensar que sólo es una mala racha. Larga, mucho, pero tan sólo una mala racha.
Duele que digamos "vamos a salir de ésta, lo vamos a superar y estar bien" y que eso sólo dure un par de días; y después de ese par de días, sea por tu culpa, por la mía o por la suya, acabemos mal.
Esta tercera persona está destrozando todo. Aunque tú digas que no. Me está destrozando a mí. Me está quitando las ganas, me está quitando la felicidad. Y yo así, ni puedo ni me merezco estar.
Jode, ¿sabes? Que por una tipa como esa todo se esté yendo más a la mierda, y que sienta que te resistes a "soltarla" y no poder hacer nada para reflotar esto . Porque aunque quiera, con ella presente, no puedo.
La quiero fuera de juego, porque con ella presente, soy incapaz. Es como "vaya, hoy no ha hecho nada, ya lo hará mañana". Es un sinvivir, pensando cuándo actuará, cómo, cuánto me dolerá y cuánto discutiremos. Por su culpa.
Si supiese todo el daño que me hace y que hace a lo nuestro, quizá tuviese un orgasmo.

L, Me dueles, cabrona. Me dueles como no me ha dolido nadie. Ya no puedo contigo. Tú ganas. Me rindo. Yo ya no quiero pelear más contigo. Si él quiere, para ti el chico guapo.

Y esto va directamente para ti, gaturro, ya no puedo más, estoy sin fuerzas. O ella o yo. Me resigno a cualquier respuesta, porque yo no puedo seguir así, me hago pedazos. Elígela a ella y haz con ella lo que te plazca, no tiene por qué importarme entonces: yo ya no seré nada tuyo. O a mí. Y entonces, la necesito fuera de juego completamente. Si no estás dispuesto a eso, entonces creo que será mejor... ya sabes. Cada uno por su lado y a buscar la felicidad donde se pueda.
Es tu decisión.




Tú ya sabes quién soy.

sábado, 23 de noviembre de 2013

La Desolación 1: El Gran Árbol

Uf, por fin encuentro esto... Me ha costado, la verdad. Yo lo había dejado al sol pero de repente se levantó un viento terrible y con el vino una gran cantidad de arena. Me tapé como pude con mi capa para resguardarme del viento, olvidándome del aparato este, y cuando terminó ya no sabía dónde estaba. He estado bastante tiempo excavando y buscando hasta que al final lo he encontrado, pero bueno, voy a mi propósito, que me estoy andando demasiado por las ramas. ¿Sabíais, por cierto, que esa expresión en el bosque de Revolana tenía un doble significado? Además de ser metafóricamente, el dar muchas vueltas para decir algo, andar por las ramas era también eso, exactamente eso, andar sobre las ramas de un árbol para ir de un sitio a otro, por un camino que normalmente era más largo, pero que resultaba más relajante para muchos habitantes del bosque. Y bueno, lo he vuelto a hacer, tengo que ponerme a hablar ya de la historia que ocurrió. Esta manía mía de decir todo lo que se me pasa por la cabeza...

A lo que iba, mi infancia. Los recuerdos de mi infancia son escasos y borrosos, todos ellos en un ambiente lleno de verde, eso sí. Es de lo poco que recuerdo con claridad. Recuerdo a alguno de mis amigos, con los que solíamos jugar a perseguirnos, y más de una vez acabábamos con cortes y heridas por las piernas de las zarzas que crecían por la zona y por alguna que otra caída al tropezar con las raíces de un gran árbol.

Otro de los recuerdos que más claro preservo es el Gran Árbol, el Árbol de la Sabiduría.  Era el árbol más grande de la zona en la que todos convivíamos. La leyenda cuenta que comenzó a crecer antes de que nosotros, los revolanos, siquiera existiéramos, y que fue bendito y protegido por el poder de las hadas del bosque, los únicos habitantes por aquella época. El árbol creció mucho más de lo que cualquier árbol normal podría crecer, y aun así continuaba siendo más y más grande cada vez. Pero en el bosque surgió una amenaza, un ser maligno apareció y acabó con las hadas. Y el árbol murió con ellas, pero no de la forma que un árbol normal moriría, perdiendo sus hojas y secándose, no. Este árbol permaneció intacto en su exterior. Pero sin embargo, se hizo un extraño orificio en la base por el que comenzó a expulsar todo su contenido, excepto la corteza. Por ello el Gran Árbol se sitúa en lo más alto de una colina. Esa colina es la savia del árbol, con sus tejidos, en el que comenzaron a crecer más plantas. Nuestros antepasados descubrieron ese agujero y al apoyarse en él se resquebrajó la corteza, dejando una entrada a su interior que se ha conservado así hasta nuestros días.

La verdad es que esta leyenda siempre me fascinó mucho, sobre todo la parte de la muerte de las hadas. Nunca se especificaba quién o cuál fue el monstruo que acabó con las hadas. A veces, al ver cómo los mayores mataban a sus presas pensaba que tal vez las hadas fueran buena comida y por ello acabaran mis antepasados con ellas. Al rato, siempre me acababa convenciendo de que era una tontería, que las hadas eran buenas y nadie las mataría. Pero si hubiera sabido sobre la futura Desolación, mi opinión habría cambiado sobre el tema...

El Gran Árbol, después de haber sido descubierto su interior, fue sufriendo una serie de transformaciones que lo llevaron a ser lo que es actualmente. Al comienzo era solamente un sitio en el que resguardarse. Más tarde, se convirtió en un sitio de reunión para toda la comunidad que vivía a su alrededor. De lugar de reunión se convirtió en lugar de enseñanza. Y de ahí a lugar de conocimiento sólo había un paso. Y así llegó a ser el Árbol de la Sabiduría. En este proceso no solamente fue variando su función, sino que también fue variando su estructura. Primero se construyó una segunda planta, para poder así tener a los pequeños todos juntos mientras los mayores se reunían en consejo en la planta baja, más amplia. Pero no fue hasta su función como escuela cuando tomó su estructura actual, o una muy similar. La planta baja servía de lugar de reunión. La segunda planta era donde los niños aprendían, su clase. La tercera planta se hizo para guardar libros de un nivel sencillo, fáciles de entender. La cuarta planta albergaba libros complejos, que sólo gente con amplio conocimiento de la cultura y el medio podía comprender.

Hubo una modificación posterior en el Gran Árbol que lo hizo convertirse finalmente en el Árbol de la Sabiduría. Fue la construcción de una quinta planta cuyos secretos estaban reservados a unos pocos elegidos. Así, el Árbol acabó siendo una metáfora del conocimiento y se ganó este nombre. Su base era accesible a todo el mundo. Había que ascender un poco más para poder comprender lo que te rodea y manejarte con ello. Si subías un poco más, empezabas a conocer las curiosidades del mundo que nos rodea. Al subir ya bastante, podías llegar a comprender ligeramente los mecanismos que mueven el mundo. Y en la cima, donde sólo los más sabios consiguen llegar, ¿quién sabe lo que nos espera en la cima? Sin embargo, sí que sabemos que da una preciosa vista general de todo. De todo, excepto de lo que tienes justo debajo.

Y fue en la segunda planta de esta extraña edificación donde comencé a estudiar. Nos enseñaban a leer y a escribir, pero también lo básico para sobrevivir en el bosque: cómo cazar, qué plantas eran venenosas al tacto, qué era comestible y qué no, un poco de todo. Aunque yo era físicamente torpe, destacaba entre mis compañeros por mi capacidad de plantear las cosas con antelación y saber lo que iba a ocurrir antes de que ocurriera. Para los demás era algo sobrenatural, para mí era meramente lógico, y por ello conseguía finalizar mis tareas mucho antes que el resto, eso sí, con el doble de arañazos y golpes. Y así fue como terminé mi educación básica. Todavía me quedaba bastante más que estudiar, pero me temo que he de dejar la historia por hoy, el aparato este se me descarga de nuevo... Voy a ver si encuentro alguna forma de no perderlo de nuevo, como me pasó ayer ya... O alguna forma de encontrarlo más fácil... Bueno, voy a poner esto al sol, a ver cuándo puedo continuar con mi historia...

Smaug

miércoles, 20 de noviembre de 2013

“Alguien dijo alguna vez que en el momento en que te paras a pensar si quieres a alguien, ya has dejado de quererle para siempre.”
— Carlos Ruiz Zafón.

martes, 19 de noviembre de 2013

Luna, Luna.


Luna, qué bonita estás ésta noche. Ésta y todas, menos cuando no estás. Que entonces no estoy yo. O quizás cuando tú no estás, es cuando sí estoy; que es con menos frecuencia.
Entonces, ¿estoy cuando no estás o estás cuando no estoy?  Qué dilema, ¿eh? Tú ahí arriba, tan sola y yo aquí, tal vez más sola aún. Pero mírate, hoy estás especialmente guapa. Y ni siquiera estás llena. Pero bueno, yo también estoy vacía y no soy tan hermosa.
A ti nadie te supera, Luna. Tu tez tan blanca y tú tan serena, tan pura. Tan elegante como siempre. Como cuando siendo yo pequeña, creía que me seguías en el coche. Qué ingenua, ¿verdad? A mí, como si no tuvieras cosa mejor que hacer que seguir un coche. Qué cosas, ¿eh? Antes creía que me perseguías y ahora soy yo la que te busca a ti.
Luna, algún día bajarás, ¿no? Muchos enamorados te prometieron a su amada. Pero tú te mantuviste firme, ahí arriba. Nunca bajes por nadie que te prometa en vano. Nunca. Mereces ser de alguien que te merezca y no de quien te ansíe, o más bien, de quien ansíe el amor de otro.
Luna, eres consciente de que muchas personas querrían tener tu juventud eterna. Pero nunca desveles el secreto de tu belleza. O muchas te retarían. Creerían que te pueden superar. A ti. La más bella de todas. Luna.


                                     


Idol of Roses.

Nosotros

Yo soy todos y todos somos yo, ha llegado un momento en que nos queremos tanto que puedo ser todos y todos ser yo.
¿Realmente importa quién ha publicado esta entrada? La he publicado yo y la hemos publicado nosotros.

El árbol de la colina: Interludio

Érase una vez un árbol. Majestuoso y solitario, se erigía como rey de la colina de Happinessville. Todos los vecinos del pueblo lo conocían; los abuelos contaban a los nietos las batallas de bolas de nieve en invierno en las que el árbol se convertía en el cuartel general del equipo de los buenos; los jóvenes invitaban al baile de graduación a las bellas mujeres del condado bajo sus ramas, desde donde se podía ver el atardecer sobre el lago Eternity; los no tan jóvenes compraban el anillo en la joyería de la ciudad pero se declaraban al calor de su grueso tronco... todo el mundo en Happinessville tenía una bonita historia junto al árbol de la colina que merecía ser contada.

Sí... todos... bueno, en realidad había un hombre que no tenía ninguna historia que contar. Ese pobre hombre era Eduardo. Y ese pobre hombre vivía en lo alto del árbol. Eduardo llevaba más de cien años escuchando a niños llorar, reír escandalosamente y gritar. Eduardo soportaba más de veinte declaraciones de amor empalagosas al año. Eduardo no dormía desde hacía más de cien años porque los jóvenes iban a la colina al anochecer para llevar a cabo sus inocentes festejos.

Happinessville era un buen lugar para vivir y el lugar que más momentos felices concitaba era el árbol de la colina. Sus ramas habían visto miles de sonrisas. Su tronco había admirado miles de atardeceres. Sus raíces habían sostenido mil abrazos y mil besos. Pero nadie se acuerda del pobre y desdichado Eduardo.

Una vez, hace mucho tiempo, el primer día que Eduardo decidió irse a vivir a lo alto del árbol de la colina, se clavó una astilla y, oh, le dolió mucho. Y gritó y lloró y pidió ayuda (al fin y al cabo, tenía 10 años) pero los niños que tanto le odiaban estaban ahí abajo jugando y riendo y nadie se percató de los lloros. 

Eduardo sufría...

Muchos años hace ya de ese día... Ahora Eduardo se había acostumbrado a las astillas. Su piel se había endurecido y sus ojos acostumbrado a la penumbra de la altura frondosa. Pero Eduardo seguía sufriendo.

****

"Hoy es mi cumpleaños. 111 años ya... ¿Quién lo diría? Hoy tengo que hacer algo grande..." -pensaba Eduardo mientras le arrancaba la cabeza de un mordisco a un pobre gorrión que descuidado se había posado sobre las ramas.- "Mmmm, un buen desayuno alegra a cualquiera."

111 años son muchos años. Muchos años de silencio y de agonía; muchos años de olvido y desesperación. Muchos años deseando venganza. Aquella noche, Eduardo cometería un crimen que pasaría a la historia de Happinessville como el suceso más doloroso que hayan vivido los habitantes del condado en todos sus siglos de vida.

La noche del 16 de octubre de 1894 fue una noche oscura, fría y lúgubre... una noche que los habitantes de Happinessville conocerían como "La Noche de las Astillas". Una noche que nadie... nunca... podrá olvidar.




Eduardo Sadness

El miedo es la daga que mata la mente

El miedo a tí te comprime, no te deja expandirte, es como una enorme losa que tapa el foso en el que te hayas. Esta losa es como una losa normal en elgunas cosas, tú, estando debajo de ella, no la mueves, es muy grande y las fuerzas te faltan, si intentas moverla te dejas las fuerzas, pero en el fondo no se mueve porque no tengas fuerzas suficientes para moverla, no se mueve porque, como miedo que es, no te atreves a moverla.

Hubo una vez un hombre que, aun sin ser un pensador de renombre, ni siquiera pensador propiamente dicho, hizo famosa, quizas no famosa, pero si conocida, una frase que me ha marcado enormemente desde que la leí, y quizas sea uno de los motivos de mi carácter, llamemoslo peculiar. El miedo es la daga que mata la mente, el miedo es la pequeña muerte, has de dejar que te envuelva y que pase a tu alrededor. Esta frase, de una de las míticas sagas de ciencia ficción Dune, es una frase que me marcó. Admito que la primera vez que la leí no la entendí bien, me faltó captar el matiz de la última parte, y sin embargo, aun sin haberla entendido bien, modeló mi personalidad hasta la persona que vengo siendo ahora, peculiar, sin miedo a decir que soy distinto. Los que me conocieran hace dos años pueden percatarse de que mi personalidad se ha suavizado un poco, sigo siendo raro, y lo admito sin tapujos, no soy diferente, soy raro, y me siento orgulloso de decirlo, sin embargo no soy tan brusco como hace unos años. esto se debe a que hace poco entendí la ultima parte de la frase, donde hace poco no es unos días,es quizás un año y pico, quizás más, quizás menos. La frase no quiere decir que no hayas de tener miedo, es una barbaridad no tener miedo, la ausencia de este te vuele temerario, alocado. El verdadero reto está en tener miedo, pero saber convivir con el "dejar que te envuelva y pase a tu alrededor", debes aprender a vivir con miedo, pero de manera que este miedo no trabe tus decisiones ni te constriña a la hora de pensar. El miedo en demasía es malo, te bloquea y no te deja pensar, pero un miedo moderado te hace actuar con más prudencia, agudiza tu forma de pensar y te permite en ocasiones tomar las mejores decisiones.

Mucha gente en la actualidad vive atrapada por ese miedo, se aferra a los ideales de la sociedad y no se permite a sí misma desvarse de ellos ni pensar de forma contraria, esa es la mentalidad que hace que la losa del foso pese más. Debemos ser capaces de enfrentarnos a nosotros mismos y ser como realmente queremos ser, y lo que es más importante, dejar a los demás ser como quieren ser, ya que son estas cosas las que hacen que la enorme losa que tapa la entrada a tu foso se vaya convirtiendo, aveces rapidamente, otras de manera muy lenta, en una simple  hoja de papel que no cuesta nada moverla, y cuando salimos de debajo vemos la belleza que nos rodea de forma integra, ya que ya no tenemos una losa que nos restrinja la visión.

-M-

lunes, 18 de noviembre de 2013

El aplauso del agua hirviendo

La verdad, sorprenden las estupideces en las que uno se fija cuando no tiene nada que hacer. Pero esta noche está pasando despacio, y pocas cosas me han pasado hoy que mantengan mi mente ocupada. El caso es que he puesto agua en una cazuela, como tantas otras noches, con la idea de ir hirviendo el arroz que necesito para acompañar al pollo y que no se me quede tan solito en el plato, el pobre. Igual ha sido por aburrimiento, no lo niego, pero me he quedado a ver como hervía. Y... ¿sabes? Ha habido un punto en el que he sentido que merecía la pena toda la espera previa. Porque de la cazuela ha brotado el sonido de una ovación.
Sí, eran burbujas de vapor ascendiendo a través del agua, pero si cerraba los ojos... Aquello era un estadio lleno de gente, de gente que me admiraba por algo, por lo que fuese. Ese tipo de bobadas te alegran el día.
No sé si algún día has estado lo bastante aburrido para mirar cómo hierve el agua, pero es una experiencia que aconsejo. Es una de esas cosas pequeñas que te hacen sonreir.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Cuestión de miradas

Niña de ojos tristes
que ves el tiempo pasar
apoyada en tu ventana
viendo estrellas brillar.

El agua corre por tus mejillas
la mirada no puedes levantar
porque ves tus metas perderse
sin haberlas podido alcanzar.

Niña de ojos tristes
todo el mundo te intenta alegrar
pero ellos no te comprenden
ellos no te pueden ayudar.

Lo único que necesitas
es un hombro donde llorar
alguien que no diga nada
alguien en quien confiar.

Niña de ojos tristes
algún día sonreirás
hasta entonces solo puedes
ver estrellas brillar.

Ellos no te comprenden
alguien lo hará
algún día, niña de ojos tristes
tus metas alcanzarás.



                                                                                                   Gloom

Bailar sentados no es bailar

Reconozco que al principio les envidiaba. Veía a todas esas personas caminando, utilizando sus largas y elásticas piernas para transportarse, haciendo ostentación de su capacidad y de mi carencia, y eso me enfurecía. Acariciaba mis muñones con la misma expresión con la que el Grinch observaba los árboles de Navidad y pensaba montones de cosas. Todas empezaban por "Si no hubiese perdido las piernas, yo...". Y empezaba a hacer castillos en el aire. Pero un día me levanté (metafóricamente hablando) y me entró la risa. Vaya cosa. Yo no había perdido nada. Me quitaron las piernas, sí, pero sabía perfectamente dónde estaban.
Y, la verdad, es un cambio muy estúpido. Un chiste malo, un juego de palabras tan nefasto que bien me merecería que me quitasen también los brazos por semejante ofensa a la lengua. Pero empecé a sonreir y todo era menos malo.
Igual esa es la clave de la felicidad. Igual lo que necesitamos para ser felices es ser felices. Igual un tío sin piernas y con un sentido del humor realmente estúpido aún tiene algo que decir.

La desolación

Una vasta llanura de tierra seca y resquebrajada del color de la terracota se extiende ante mis ojos, donde, hace menos de veinte años, se extendía el vergel más extenso y más antiguo de todo el continente. Por donde antes corrían pequeños animales, ahora solo corre el viento. La cúpula verde de años ha se ha visto inexorablemente sustituida por un triste cielo gris, de nubes que prometen lluvia, pero que nunca se la conceden a esta tierra que ahora parece estar maldita, como castigo por nuestra ineptitud. 

La verdad es que todo aquello se pudo evitar. Hubo tantos errores que nuestra tierra, el bosque, se sumió en el caos. Y entonces llegó ese desastre que muchos conocen como la Desolación. Sin embargo, no es hasta ahora, cuando ya todo ha pasado, el momento en el cual más desolada está la zona, irónicamente. Yo soy el único habitante humano de la zona, y los Maestros no tenían ni idea de lo que es estar desolado cuando escogieron ese nombre. Todos mis conocidos murieron, y sólo algunos habitantes del bosque lograron sobrevivir, pero ninguno decidió mantenerse en la zona. Así que me quedé solo, viviendo de los pocos víveres que esta tierra, ahora yerma, me puede proporcionar. 

Supongo que a estas alturas os habrán surgido muchas dudas: ¿Quién soy yo? ¿Cómo logré sobrevivir? ¿Cómo es que hablo ahora y no antes? ¿Qué ocurrió en la Desolación?

Bueno, comenzaré por la primera. Yo soy, o mejor dicho, era, Smaug, un habitante del bosque de Revolana. Ahora no soy nadie, nadie sabe de mi existencia , no soy más que una sombra que se mueve por un árido desierto, el cadáver desecado de mi antiguo hogar. Lo de cómo logré sobrevivir... Bueno, es complejo, necesito explicar muchas cosas antes de eso, dejémoslo de momento en que un amigo muy fiel me salvó.

Ciertamente, el que empiece a escribir esto ahora y no antes tiene un desencadenante. La última luna llena me encontré con un viajero perdido caminando por estas tierras sedientas de vida. No tenía ni idea de dónde estaba, le expliqué toda la historia y seguía sin saber nada. Incluso me tomó por un loco que contaba fantasiosas historias sin sentido por efecto del calor sobre su cabeza. Vi como todo lo que había sido el bosque de Revolana estaba desapareciendo de sus memorias. Y no puedo permitirlo. No puedo permitir que todos mis compatriotas y todo lo que hicieron caigan en el olvido. 

Así que acompañé al viajero hasta la ciudad para investigar más sobre el tema. Tras horas y horas callejeando, encontré a alguien que por fin pudo responder lo que yo quería oír. Sólo los más cultos de aquella ciudad conocían de la existencia de Revolana. De la Desolación, solo sabían que de la noche a la mañana el bosque desapareció. Nada más. El sabio hombre vio mi indignación y, aunque debía de pensar que era un loco, como muchos otros ciudadanos, me regaló este aparato en el que ahora escribo, no sé cómo se llama, sólo sé utilizarlo un poco. Supongo que pensó que igual yo sabía algo, y que por intentarlo, no perdía nada.

Y parece que esto está dejando de funcionar, tendré que ponerlo al sol como me indicó aquel sabio hombre para poder volver a utilizarlo como ahora. Otro día continuaré con la historia de la desolación, empezando esta vez desde el principio de mi historia.

Nota del autor (que se han puesto de moda por aquí): Esto no tiene nada que ver con la obra a la que hace referencia el título, eso lo primero. Y bueno, de periodicidad ando mal, escribiré cuando esté inspirado con este tema o tenga suficientes ideas para ponerlas en escrito. La historia no está, ni mucho menos, terminada en mi cabeza, solo tengo partes clave susceptibles de ser cambiadas, así que no prometo siquiera que la historia termine. Muchas gracias.

Smaug

sábado, 16 de noviembre de 2013

El bosque

Cuando sonaron aquellas doce campanadas en la iglesia, las antorchas se encendieron y una muchedumbre enfurecida rugió hacia la plaza del pueblo, al unísono, con un solo objetivo. Pude huir y esconderme de aquellos que pedían la quema en la hoguera de todos los que osaban perturbar sus sueños de fantasía. Tan sólo unos pocos éramos conscientes y rebeldes de la realidad.

Salí malherido del pueblo y me guarecí en el bosque, esperando a que se apaciguaran las almas de los furiosos. Allí, en la penumbra, escondido ante la naturaleza y tras una cortina de lágrimas secas y de color carmesí, me aseguraba a mí mismo que todo saldría bien, que nadie me reconocería allí, que estaba bien escondido. 

Y algunas veces el diablo quería sonreírme. Pero esta vez la sonrisa diabólica no era de mi imaginación. Era una sonrisa real.

Era una chica la que me sonreía maléficamente desde lo alto de una de las ramas de aquellos árboles que me rodeaban. Desde aquella altura me miraba fijamente.

-          Tú eres al que querían linchar, ¿no? Ven, estás a salvo.

Me llevó a su guarida, donde vivía con más gente, la cual me cuidaron como a uno más.
Entre aquellos asaltadores de viajeros como descubrí más tarde viví,  y crecí considerándolos mi familia. No era muy talentoso en ninguna arte en especial, mas intenté ayudar en todo lo que pude a cualquiera de ellos. Y a la única a la que jamás pude ayudar fue a la que me había salvado.

Hasta aquella noche.

Note su falta entre aquellas madrigueras cuando escuché aquellas doce campanadas que auguraban lo peor. Y empecé a correr, esperando equivocarme. Y en la plaza del pueblo, en aquella donde yo había estado prisionero, en aquel mismo trono te vi, capturada, rodeada de gente que pedía fuego.

Mi presencia allí fue suficiente para que algunos de los presentes me reconociesen, y fueran a por mí para quemarme. Y provoqué el caos corriendo por la plaza del pueblo. En medio de aquella pelea de antorchas, te desaté y huimos hacia el bosque. Pero se dieron cuenta de tu desaparición. Nos siguieron. Y los llevábamos hacia el bosque. Hacia todos los demás…

¿Te acuerdas? Fue en aquel mismo punto donde te vi. Donde me descubriste. Pero esa vez, la sonrisa había desaparecido de tu cara.

Te empujé hacia dentro del bosque con la intención de ocultarte, y corrí en otra dirección llamando la atención de los villanos para distraerles. Para que vinieran a por mí. Y te sonreí, esta vez yo a ti, mientras te decía “estaré bien. Huye.” 

Me pillaron y me quemaron, pero tú saliste del embrollo. Conseguiste escapar. Y en mi quema fuiste a verme, intentas salvarme tal y como yo hice, mas no te acercaste. No te dejé. Mientras yo ardía, provoqué que aquellas cabañas de madera ardieran también.

Que el pueblo entero ardiera. Para que fueras libres, mi regalo por salvarme. No sé si conseguí que fueseis libres. Algo me dice que tú al menos lo conseguiste.

Hoy en día, cuando abro la ventana de mi habitación y veo la ciudad, me pregunto qué será de aquel bosque de mi imaginación y qué será de ti…

Calcetines sobre la mesa

¿Nunca os ha pasado? Toda una vida pensando en el amor. No un amor cualquiera, claro, sino ese amor perfecto e inabarcable que tan de moda se ha puesto desde que sacaron las películas de Crepúsculo. Ese amor que hace que toda tu vida cobre sentido, que te pone los pies en la tierra y la cabeza en las nubes, haciendo que te sientas gigante, invencible. Imagina que lo encuentras. Imagina que te casas, que tienes hijos, que eres feliz a grandes rasgos. A grandes rasgos, sí, pero Dios está en los detalles. Dios está en los calcetines encima de la mesa, en la tapa del váter levantada y en las discusiones que empiezan de forma estúpida y banal y terminan con recriminaciones a los ancestros. Dios está en las tardes llorando, en las noches en vela y en las mañanas de café y cigarrillo en las que sólo quieres desaparecer. Vaya, duele. Duele mucho. Dolemos.

La importancia de no llamarse nada en absoluto

Desaparecer. Es simple y es lo único que pido. Es sólo una palabra, y todo que anhelo. No quiero más, no más, de nada. Dejar de existir y de sufrir, dejar de vivir, o mejor, no haber nacido. ¿Por qué? Nunca quise hacer mal, nunca, y aquí estoy, clamando, suplicando ser retirado del mercado, implorando un descanso que no me merezco. Lo que yo quiero es que el resto del mundo descanse de mí, dejar de ser una molestia y dar paso a otros mejores. Nadie... Nadie me echará de menos cuando desaparezca. Todos... Todos estarán mejor sin mí.

Mensajes

Ayer, a altas horas de la noche, escondida entre viejos libros encontré tu foto. La especial, la de aquel día. Tenía una inscripción junto a tu sonrisa. Siempre.

A veces parece que el mundo, el destino o el azar, te mandan advertencias. Aquello fue lo primero que pensé. Que era tu forma de recordarme quién habías sido, de gritar "no me olvides". Pero yo nunca haría eso.

Así que tras varias horas dando vueltas por mi cuarto, mirando tu foto y escribiendo cartas que rompía antes de acabar, pensé "no es eso. No lo es. Ninguna advertencia. Es un regalo, tu regalo, tu sonrisa. Es un sigo aquí, en algún lugar, y te recuerdo".

Escribí una sola palabra. Gracias. Y una sonrisa tan brillante como la tuya. Cerré el sobre y lo dejé caer por el balcón. Abajo estaba lloviendo y pronto las gotas borraron todo rastro de mi respuesta. Sin evidencias, todo sería un sueño.

Pero hoy he despertado y, oh sorpresa, era día 16. Y hoy, más que nunca, no eres un sueño. Hoy, más que nunca, estás en mi recuerdo.

Hoy, más que nunca, te sigo echando de menos.

Midnight Lady.

El viaje de Trip

Un hombre rechoncho, de una edad que rondaba los cincuenta y aspecto bonachón,  cojeó hasta la puerta de la pequeña y acogedora sala de visitas. La entreabrió primero, echando un rápido vistazo al exterior, para después abrirla de par en par, dejando entrar un remolino de aire y nieve. Como si formase parte del diminuto tornado, una mujer alta y espigada de unos sesenta años entró deslizándose sobre las tablas del suelo con un grueso abrigo de color mercurio.
Ah, señora Cottonby. Por favor, pase, siéntese frente al fuego. Todavía no hemos comenzado, claro, le esperábamos a usted. ¿Me permite el abrigo? Sí, por favor, ahora mismo preparo bebidas calientes. ¿No? ¿Segura? Bueno… Acompáñeme por aquí. Sí, aquí están los demás. El almirante Eagleson y su mujer. Lady Newmark y sus hijas. Y mire, fumando en la ventana tiene usted al señorito Minedust. Una reunión encantadora, sí, sin duda. Entonces… ¿Nada de beber? Bien, bien… Supongo que podemos comenzar. Tomaré asiento en la butaca roja, si me permiten. Veamos… Hace tanto tiempo… Sí, ya sé cómo comenzar.
Ésta es la historia de un muchacho con cabellos color de bronce y ojos color de plata. Era un jovencito bien parecido, de ésos que cuando crecen tienen líos con las sirvientas y le sacan a uno de quicio, pero no se les puede evitar querer. La frente siempre llena de mechones desordenados, los ojos veloces como gazapos, mirando a todas partes, la nariz llena de pecas y la boca siempre sonriendo, hablando, bostezando, nunca quieta salvo cuando dormía, cosa poco frecuente. A esta criatura le pusieron el nombre de Jules, pero todos los que le conocíamos algo, por poco que fuese, sabíamos que él sólo contestaba cuando se le llamaba Trip.
A él y a su tío, Gustav, servía yo en la Casa Vieja. Había servido a la familia Collins desde mi más tierna infancia, como mi padre antes que yo y mi abuelo antes que él, así que era lo que suele llamarse un "mayordomo de confianza". Recurrían a mí para todo tipo de consultas disparatadas, y yo daba la opinión que, a mi entender, beneficiaría a la familia a la que había dedicado todo mi tiempo. Por eso no me sorprendí cuando el señor, Gustav, me mandó llamar a su despacho aquella mañana de Abril.
-          Barty, por favor… Toma asiento, sí. Tengo una consulta que hacerte, mi buen amigo.
Disculpe, almirante. ¿Puede repetir su pregunta? Ah, claro… Naturalmente,  mi nombre es Bártulo Bottlenight, pero fui compañero de juegos de la infancia del señor, y a menudo me llamaba Barty, como cuando éramos niños. Lo hacía especialmente cuando estaba preocupado o cuando quería una respuesta afirmativa, así que ya saben, mi viejo olfato de sabueso me advirtió de que algo iba mal.
-          Señor, lo que usted diga. Escucho. – me senté en la butaca verde de terciopelo, frente a la suya. Rechacé el vaso de whisky que me ofrecía.
-          Quiero hacer un viaje, Barty. He encontrado algo, algo grande. Un mapa, Barty, de verdad esta vez. Escucha… El mapa lleva hasta una ciudad enorme, perdida y subterránea. Dios sabe que últimamente la economía familiar flaquea y… Barty, necesitamos el dinero. Piensa en lo que ese descubrimiento supondría.
-          Señor… No creo que…
-          ¡Por favor, Barty! ¡Soy el hazmerreír de la comunidad científica! ¡Este descubrimiento podría cambiarme la vida!
Y así era. El señor Collins era un hombre excelente, y sólo Dios sabe la mucha estima que yo le tenía. Pero tenía tendencia a despilfarrar su herencia en largos viajes en los que partía en busca de ciudades perdidas y tesoros escondidos, regresando siempre con las manos vacías y convertido en una jocosa anécdota con la que los verdaderos exploradores reían hasta que les dolían los costados.
-          Señor…  Usted hará lo que desee, por supuesto. Pero ha pedido mi opinión. ¿Qué vamos a hacer con el joven señorito? Sus padres lo dejaron bajo su custodia, señor. ¿Qué pensaría su hermana si viese que abandona a su sobrino a la temprana edad de quince años?
-          Ahí está la mejor parte, Bártulo. – el señor sonreía con los ojos convertidos en dos ascuas. Me removí en la butaca, inquieto. – Ambos vendréis conmigo, Mis misiones anteriores fracasaron en gran medida porque no tenía un equipo de confianza, pero con vosotros, con la familia… Nada puede salir mal.
En aquel momento y durante el resto del viaje, no me cupo duda de que el señor nos llevaba a nosotros en su alocada correría porque carecía del dinero necesario para contratar un equipo decente. Pero yo tenía apenas treinta años y jamás había abandonado la ciudad, así que las ansias de aventura me pudieron más que la sensatez.
-          Señor… Es una idea excelente. Comenzaremos los preparativos ahora mismo.
Me levanté y abandoné el despacho, sin olvidar hacer antes una rápida reverencia frente al señor a modo de despedida. Él se rió, claro, pero el protocolo lo exigía. Seguía riendo cuando llegué a la parte baja de las escaleras que conectaban la planta baja con el primer piso y, aunque no podía oírlo, habría apostado mi reloj de bolsillo a que seguía riéndose de mí cuando irrumpí en el cuarto del señorito.
-          ¡Trip! ¡Trip, pequeño remolino! ¿Dónde narices te has metido?
-          Perdona, Bart. Pensaba que eras mi tío. – una cabecita asomó debajo de la enorme cama doble con dosel, y una figura flacucha se deslizó reptando hasta mí para ponerse en pie de un salto. Parecía aún más pequeño en esa habitación tan enorme, y por un momento pensé en no decirle nada. - ¿Te pasa algo? Estás colorado…
-          Trip… Gustav quiere viajar. De nuevo.
-          Ah… Sí, vale. ¿Dónde me tengo que quedar esta vez? Espero que no sea de nuevo en casa de los Realler…
-          No, chico. Tú y yo vamos con él. – la alegría y la emoción me desbordaron, y abracé al chiquillo levantándolo del suelo. - ¡Nos vamos con él, Trip! ¡Somos su equipo!
-          ¿En serio? – Trip se deslizó por mi ya entonces prominente barriga y comenzó una danza muy graciosa y descoordinada por toda la sala. - ¡Voy a ver el mundo! ¡Bártulo, voy a ser explorador!
-          Sabía que te haría ilusión, pequeño… Lo sabía.
Abandoné el dormitorio de Trip, que en aquel momento saltaba como una liebre. Parecía que en cualquier momento iba a encaramarse en el enorme armario de roble tallado que tan poco le gustaba. Sonreí para mis adentros. Parece mentira la forma en la que, a veces, todas tus perspectivas de futuro cambian en un instante.
¿Señora Newmark? Ah, sí. Claro que fui fácil de convencer. Yo era joven todavía, y no pensaba que pudiésemos encontrar nada. Para mí era sólo una diversión, un viaje de recreo con vetas de aventura, algo inofensivo, ¿sabe? En este punto de la historia, me parecía que las cosas se sucedían solas. Una concatenación de hechos vertiginosa, pero me dejé arrastrar. La juventud me encandilaba, ¿sabe? Hm…  Tengo la garganta seca. ¿Me permiten? Voy a servir unas bebidas… ¿Té, quizás?

NOTA DEL AUTOR: La historia de Trip se escribirá semanalmente. No tengo pensado establecer una longitud media ni un día de subida, así que cualquier cosa es posible. Espero que esta historia signifique algo para vosotros, que quizás lleguéis a sentir algún tipo de aprecio por unos personajes que yo he llegado a querer y admirar. No hay nada más gratificante para un escritor, por principiante que sea, que sentir que las personas empatizan de alguna manera con lo que él lleva dentro y traslada a las palabras. Muchas gracias por la atención prestada. Hasta el próximo capítulo.

El futuro pasado (Provisional)

                Ocurría en una cálida noche de verano, vivía esperando que la nada me arrastrara desde las sombras. Tengo 22 años y desde mi infancia me he criado en un ambiente pobre; la última vez que tuve que usar la fecha para algo era como el 2030 o algo así, no lo recuerdo muy bien. La tierra ha sido engullida por si misma, solo hay caos y destrucción por doquier, los políticos consiguieron lo que querían: una única nación (Eden), una única bandera color crema, un único pensamiento (trabajar para intentar escalar puestos sociales, aunque es prácticamente imposible) y una sola moneda, el nakar. Menor diversidad implica mayor control.

                Pertenezco a una asociación que brinda la oportunidad de poder sobrevivir sin trabajar a cambio de pequeños transportes de cartas y demás, a modo de paloma mensajera. Con eso no es que se viviese especialmente bien, pero cuando nos hayamos alzado todo cambiará.

                Los más ricos están intentando recuperar toda la información perdida tras... no recuerdo ya qué pasó...era muy pequeño. ¿Y eso qué más da ahora? Parece que estamos en la Edad Media, comiendo a base de pan y poco más, una comida al día y da gracias de que has podido comer. Aunque he de decir que nosotros tenemos prioridad, ya que lo que hacemos es muy importante para la organización y un fallo puede mandar todo al garete; así que tenemos que estar en forma.

               Me dispongo a salir para entregar una carta mientras como mi comida diaria. No había comido pan más bueno en mi vida.

               Hay que decir que es normal que estos trabajillos toquen a su fin, así que si eres bueno hay dos opciones: o bien cuando recibes y entregas la carta, recibes un trozo de pan de ambas partes; o bien recibes nakar’s.

      Fin parte I
                                                                                                                                  Blackburn

Cierra los ojos

¿Para qué escribir poesía? Si ya hay poesía en todas partes... hay libros, estanterías, bibliotecas enteras. Y no solo allí hay poesía. También la encontramos en cada canción, en cada pintura... Aun más puedo contaros.

Si te quedas callado, y dejas que se pare el mundo, podrás darte cuenta de que hay poesía en las cartas que se escribieron nuestro puño y letra, en el movimiento de las hojas con el viento, en las gotas de lluvia cuando caen y en los rayos del sol; en la primera sonrisa del día, en el quinto abrazo sincero... Hay poesía en el olor a bizcocho de la abuela, a hierba recién cortada, a hoguera. Y hay un mundo de poesía en tus ojos, en los míos, en los ojos de quien llora, de quien ríe.

Por estos y muchos motivos, todos deberíamos cerrar los ojos, respirar hondo y escuchar esos poemas que a nuestro alrededor susurran mil cosas bonitas. Todos deberíamos vivir la poesía.

Midnight Lady.

Ça ne pourrait plus être d'une autre façon

Esto es algo que escribí hará unos nueve meses. Si no recuerdo mal, nueve meses y tres días. Es algo que nadie excepto tres o cuatro elegidos habían leído. En un principio pensaba soltarlo de forma anónima en alguna parte para sentir que me había expresado, luego lo acabé guardando en mi ordenador dentro de muchas carpetas. Y hoy, me siento con fuerzas para publicarlo. Soy feliz, lo he superado. Y aquí está lo que escribí.

Vivo muerto.
Muero vivo.
Todo pierde el sentido
en este gran remolino
que llaman amor.
Unos dicen que es
inevitable sentimiento el que me inunda,
esta tristeza inmunda,
ridícula soledad que me asuela.
Otros sin embargo piensan
en mi estupidez al pensar
llanamente, sin dudar,
inmoralmente para algunos más,
simplemente que nada iba a salir mal.
A veces me uno a criticar
a ese idiota que por no pensar
siente dolor en su pecho
tan dentro
que ya no sabe si es
corazón o daga lo que su pecho esconde
bajo el permafrost de su cota de malla.
Siento que no siento.
Siento que soy nada.
Y pierdo la razón.
"Ça ne pourrait plus être
d'une autre façon."
Sé que la he perdido,
sé que no la tendré,
pero lo que más me ha dolido
es el daño que le habré
hecho yo sin querer.
Estúpido, lo sé.
Imbécil, lo presiento.
¿Pero es que este corazón ardiendo
entiende de conocimientos
cuando se pone a arder?
Nada es buena idea
Todo es un error.
Incluido yo,
que en estos versos me escribo,
evitando ideas más fieras
que me tentan sin compasión
y alientan mi corazón.
Este verso no es escuela,
este verso no es modelo,
este verso es reflejo
de mi puro sentimiento.
Vivo sin seguir viviendo,
como decía el poeta.
Siento que muero y revivo.
                Y revivo               Y revivo               Y revivo
Y muero              Y muero              Y muero
Y cada día que pasa la sentencia es más clara
Estar sin ella es un martillo que dentro y dentro me clava.
No sé lo que ha sentido.
No sabe lo que ha perdido.
Probablemente no sea mucho,
yo, nunca lo he sabido.
Y sintiendo este frío,
que desde dentro me corroe,
cristales de hielo ardiente,
estrellas de  luz hiriente,
líricamente se despide
aquel que escribe
sin su nombre.

H