sábado, 16 de noviembre de 2013
Calcetines sobre la mesa
¿Nunca os ha pasado? Toda una vida pensando en el amor. No un amor cualquiera, claro, sino ese amor perfecto e inabarcable que tan de moda se ha puesto desde que sacaron las películas de Crepúsculo. Ese amor que hace que toda tu vida cobre sentido, que te pone los pies en la tierra y la cabeza en las nubes, haciendo que te sientas gigante, invencible. Imagina que lo encuentras. Imagina que te casas, que tienes hijos, que eres feliz a grandes rasgos. A grandes rasgos, sí, pero Dios está en los detalles. Dios está en los calcetines encima de la mesa, en la tapa del váter levantada y en las discusiones que empiezan de forma estúpida y banal y terminan con recriminaciones a los ancestros. Dios está en las tardes llorando, en las noches en vela y en las mañanas de café y cigarrillo en las que sólo quieres desaparecer. Vaya, duele. Duele mucho. Dolemos.
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