sábado, 16 de noviembre de 2013

En un país llamado mesa

Quisiera ser pequeño, no pequeño de edad, pequeño de tamaño, enormemente pequeño, tan pequeño que mi mesa me pareciera un país. Quisiera vivir en el palacio de innumerables habitaciones que es la caja de pastillas para la tos que tengo, perderme en sus habitaciones redondas ya vacías y cerrar la puerta de papel albal que estas tienen imaginando que un monstruo acecha desde fuera. Salir de ahí y cruzar el bosque infinito formado por las puas de mi peine a la par que utilizo los pelos que se han caido como lianas. Recorrer la gran llanura de pentagramas intentando descifrar la música que leo a mis pies para llegar al inicio de la pasarela retorcida que cruza ese pais de lado a lado, cables de unos auriculares que casi a diario utilizo. Deseo ver desde arriba los acantilados sin fondo que forman los libros de la cabezera de mi cama, coger un carrete de hilo que hace tiempo se quedo ahí y descer los acantilados hasta ver que sí que tienen fondo. Refugiarme una noche entera en la gran gruta abovedada que forma el soporte del celo y estar al acecho por si aparece algún bicho gigante, dado mi tamaño. Emprender entonces el camino a traves de las simas que forman el resto de objetos, sin prisa, con calma, pues el tiempo es mío y no yo su esclavo, y llegar a la gran llanura cuyo suelo es mullido y suave. Quisiera dormirme tendido en el suelo de esa gran llanura y despertar al día siguiente de tamaño normal para ir a ver a mis amigos y contarles la historia de mi mesa, quizas añadiendo un par de muertos vivientes aquí, un dragón acá, una sirena allá.

Quién dijo que mi mesa fuera un desorden? Yo creo que es un paraíso

-M-

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