Ayer, a altas horas de la noche, escondida entre viejos libros encontré tu foto. La especial, la de aquel día. Tenía una inscripción junto a tu sonrisa. Siempre.
A veces parece que el mundo, el destino o el azar, te mandan advertencias. Aquello fue lo primero que pensé. Que era tu forma de recordarme quién habías sido, de gritar "no me olvides". Pero yo nunca haría eso.
Así que tras varias horas dando vueltas por mi cuarto, mirando tu foto y escribiendo cartas que rompía antes de acabar, pensé "no es eso. No lo es. Ninguna advertencia. Es un regalo, tu regalo, tu sonrisa. Es un sigo aquí, en algún lugar, y te recuerdo".
Escribí una sola palabra. Gracias. Y una sonrisa tan brillante como la tuya. Cerré el sobre y lo dejé caer por el balcón. Abajo estaba lloviendo y pronto las gotas borraron todo rastro de mi respuesta. Sin evidencias, todo sería un sueño.
Pero hoy he despertado y, oh sorpresa, era día 16. Y hoy, más que nunca, no eres un sueño. Hoy, más que nunca, estás en mi recuerdo.
Hoy, más que nunca, te sigo echando de menos.
Midnight Lady.
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