domingo, 17 de noviembre de 2013

La desolación

Una vasta llanura de tierra seca y resquebrajada del color de la terracota se extiende ante mis ojos, donde, hace menos de veinte años, se extendía el vergel más extenso y más antiguo de todo el continente. Por donde antes corrían pequeños animales, ahora solo corre el viento. La cúpula verde de años ha se ha visto inexorablemente sustituida por un triste cielo gris, de nubes que prometen lluvia, pero que nunca se la conceden a esta tierra que ahora parece estar maldita, como castigo por nuestra ineptitud. 

La verdad es que todo aquello se pudo evitar. Hubo tantos errores que nuestra tierra, el bosque, se sumió en el caos. Y entonces llegó ese desastre que muchos conocen como la Desolación. Sin embargo, no es hasta ahora, cuando ya todo ha pasado, el momento en el cual más desolada está la zona, irónicamente. Yo soy el único habitante humano de la zona, y los Maestros no tenían ni idea de lo que es estar desolado cuando escogieron ese nombre. Todos mis conocidos murieron, y sólo algunos habitantes del bosque lograron sobrevivir, pero ninguno decidió mantenerse en la zona. Así que me quedé solo, viviendo de los pocos víveres que esta tierra, ahora yerma, me puede proporcionar. 

Supongo que a estas alturas os habrán surgido muchas dudas: ¿Quién soy yo? ¿Cómo logré sobrevivir? ¿Cómo es que hablo ahora y no antes? ¿Qué ocurrió en la Desolación?

Bueno, comenzaré por la primera. Yo soy, o mejor dicho, era, Smaug, un habitante del bosque de Revolana. Ahora no soy nadie, nadie sabe de mi existencia , no soy más que una sombra que se mueve por un árido desierto, el cadáver desecado de mi antiguo hogar. Lo de cómo logré sobrevivir... Bueno, es complejo, necesito explicar muchas cosas antes de eso, dejémoslo de momento en que un amigo muy fiel me salvó.

Ciertamente, el que empiece a escribir esto ahora y no antes tiene un desencadenante. La última luna llena me encontré con un viajero perdido caminando por estas tierras sedientas de vida. No tenía ni idea de dónde estaba, le expliqué toda la historia y seguía sin saber nada. Incluso me tomó por un loco que contaba fantasiosas historias sin sentido por efecto del calor sobre su cabeza. Vi como todo lo que había sido el bosque de Revolana estaba desapareciendo de sus memorias. Y no puedo permitirlo. No puedo permitir que todos mis compatriotas y todo lo que hicieron caigan en el olvido. 

Así que acompañé al viajero hasta la ciudad para investigar más sobre el tema. Tras horas y horas callejeando, encontré a alguien que por fin pudo responder lo que yo quería oír. Sólo los más cultos de aquella ciudad conocían de la existencia de Revolana. De la Desolación, solo sabían que de la noche a la mañana el bosque desapareció. Nada más. El sabio hombre vio mi indignación y, aunque debía de pensar que era un loco, como muchos otros ciudadanos, me regaló este aparato en el que ahora escribo, no sé cómo se llama, sólo sé utilizarlo un poco. Supongo que pensó que igual yo sabía algo, y que por intentarlo, no perdía nada.

Y parece que esto está dejando de funcionar, tendré que ponerlo al sol como me indicó aquel sabio hombre para poder volver a utilizarlo como ahora. Otro día continuaré con la historia de la desolación, empezando esta vez desde el principio de mi historia.

Nota del autor (que se han puesto de moda por aquí): Esto no tiene nada que ver con la obra a la que hace referencia el título, eso lo primero. Y bueno, de periodicidad ando mal, escribiré cuando esté inspirado con este tema o tenga suficientes ideas para ponerlas en escrito. La historia no está, ni mucho menos, terminada en mi cabeza, solo tengo partes clave susceptibles de ser cambiadas, así que no prometo siquiera que la historia termine. Muchas gracias.

Smaug

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