Toda
una tarde adornada con palabras de despedida e intentos de consuelo
provenientes de extraños. Una noche con sueño inquieto. Y, por fin, llega la mañana. Una mañana acompañada de consejos de todo tipo, algunos
sinceros, otros puede que no tanto.
Pero... ¿Acaso ese consejo va a hacer que me sienta mejor? No puedes hablar de
mundos mejores o de superar la pérdida
cuando no sabes cómo me siento. Aunque te hayas
enfrentado a la misma situación no reaccionaste igual, ni lo sentiste igual
que yo. Ahorra palabras que por ahora no llegarán a mis oídos. No te esfuerces en gastar
una saliva que no va a servir de nada.
Un gesto dice mucho más que las palabras. Si de verdad te preocupas
por mí, por mi apatía, por encontrarme encerrada en mi pequeño mundo de fantasía, no me hagas preguntas de las que sabes la respuesta. Sabes
perfectamente lo que me pasa.
Puedes perder a mucha gente a lo
largo de tu vida. Unas pérdidas las llevas mejor que
otras. Todas duelen, pero el dolor es distinto. Tu lo sabes, yo lo sé.
Así que déjame abandonar este mundo que
para mi se ve oscuro durante unas pocas horas. No te preocupes de que vaya a
hacer cualquier tipo de locura. Déjame soñar. Ir a ese lugar que yo misma creo donde
nada malo ocurre, donde nadie ha desaparecido, donde sé que voy a poder encontrarme con él sabiendo que voy a poder hablar durante días y días sin descanso mientras en la realidad pasan escasos minutos.
No me encerraré para siempre en ese mundo idílico. Los que se van no pueden volver, ya lo sé. Llegará un día en que me volveré a levantar y podrás ver de nuevo en mi cara una sonrisa. Podrás oírme reír.
Pero, hasta entonces, déjame llevar mi ritmo y afrontar este dolor a
mi manera. Déjame perderme en ese mundo lleno
de rosas y unicornios que crea mi fantasía; en el que no hay dolor, muerte o desesperación. En el que existen finales felices que no
acaban nunca y la persona querida no te abandonará nunca.
Sirah
No hay comentarios:
Publicar un comentario