viernes, 15 de noviembre de 2013

Un pormenor

Cuando se cayó la copa, los mil y un cristales que quedaron sobre la mesa, flotando en el aire, fueron un símbolo más. Al igual que mi mirada, al igual que mi cansancio, al igual que mi corazón. Gimiendo.

No esperaba  esa respuesta, no la esperaba en ese lugar. Fue un choque que no podía soportar. Me destrozaste, y hecho añicos, resto de astillas, no podía ni tartamudear cuando escapaste a mi vista. Cuando te marchaste.

Te odié por todo lo que te quise y lo que hiciste conmigo, con aquella copa de cristal.

Se cuentan por meses el tiempo que estuve en cama, desganado por tu culpa, abandonado. No quería nada más, perdí lo mas valioso que había podido tener. Pensé, pobre ingenuo de mí, que volverías. Que no me dejarías así. Que todo sería una broma. Cruel broma, ya estaba durando demasiado... Falacias, mentiras, no volviste. Y cuando vi una foto tuya, con mil chicos, hecha el dia anterior de la ruptura, me di cuenta que nunca en realidad tuviste algún aprecio por mí.

Y Dios sabe cuanto lloré de sentirme manipulado; que la ciudad sufrió lágrimas del cielo durante varias semanas; las mismas lágrimas y la misma apatía que la que podía sentir.

Pero no puedo, no debo vivir del pasado. Decidí ponerme una máscara para evitar que la gente viera mi maltrecha cara y poder salir de nuevo a la calle. Intentar recomponerme, volver a vivir. Mi vida había dependido demasiado de ti.

Y empecé a salir, a ir a clubs de música para escuchar nuevos cantos, nuevas voces, nuevas almas,a bibliotecas, a leer historias que me estaba perdiendo. A ir a conferencias de oyente, para aprender. Hice cursos de primeros auxilios, donde me enseñaron a hacer de nuevo latir el corazón.

Después viniste pidiéndome volver a salir. Que todo había sido un error. Seis meses no son un error. Y yo ya estaba rehecho. Cuando escalé la cima del Monte Blanco, cuando vi el anochecer en Finisterrae, o las luces mágicas celestes en Trondheim... Cuando ayudé en Nueva Orleans como pude, cuando vi al mundo volver a sonreír...

Vi la cara de la naturaleza, y me enseño un mundo. Un mundo en el que un vaso roto, un corazón deshecho... pero también tu misma, no eras más que un pormenor.

Soetz

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