Una venganza irreal.
viernes, 15 de noviembre de 2013
Desaparece
Una venganza irreal.
Sonidos del alma
Una mañana especial
Hay una rosa blanca en mi asiento. Esto sí es especial.
-M-
La incertidumbre del pianista.
Déjame soñar
Un pormenor
Un sombrero perdido.
Es muy bonito alabar a un sombrero, pero si me paro a pensarlo bien no es lo que realmente estoy recordando, pues no dejaba de ser un simple sombrero comprado en una tienda de deportes. Lo que aquí recuerdo son los días que pasé con esa gente, quince días inolvidables en los cuales dí todo de mi mismo, junto con mis tres compañeros, para convertir las caras de tristeza que trajeron esos niños por separarse de sus familias en caras de felicidad continua que no había manera de borrarlas.
Ya no tengo ese sombrero, me despedí de el el ultimo día. sin embargo no me despedí con el con lagrimas de dolor o gestos de indiferencia por ser un sombrero, sino que me despedí con el con una sonrisa, ya que ese sombrero estaba ahora con un niño de los que había estado cuidando durante esas dos semanas, y sabía que, aunque en una semana o menos se olvidara de ese sombrero, y de ese monitor, llegará un día en el que lo encontrará en el fondo del cajón, lo sacará con una sonrisa y se lo pondrá recordando las cosas que fueron, que ya no serán, pero que nunca se olvidarán.
-M-
One day more, one life less
MARY, LO SIENTO.
jueves, 14 de noviembre de 2013
Es como echarle sal a la vainilla
Bailar con los ojos cerrados es una bonita forma de besar.
Historia de un marcapáginas
Buscando tus pasos
Cuando está a punto de desaparecer, la ola ahoga su grito mientras choca mortalmente con la arena. Y su espuma se apaga, lentamente, sin dejar rastro de ella. Fue un rayo de sol, un reflejo brillante de la luz que sobre las tranquilas olas se reflejo mostrando que había algo más que arena, agua y piedras. Que había vida en tu piel.
Una pequeña laguna que separaba la playa en dos partes, un canal donde cientos de críos intentaban contener el caudal para no quedarse sin su pequeña piscina caliente de juegos donde descansar y disfrutar. Allí, mirando las olas junto al alboroto, una flor salió del agua y mostró una gran sonrisa a la costa de Huelva.
Eras pequeña para lo que aparentabas, pero eras más lista que cualquiera de tu clase. Mostrabas siempre tu risa, y yo mi sonrisa cuando te veía y estaba contigo. Y paseando junto a la arena, yo te protegía de las bromas de los pequeños.
Mis vacaciones eran cortas, y te conocí demasiado tarde. Quería haber estado más tiempo contigo. Y el último día, en aquella fiesta de despedida de la residencia donde me alojaba y cerca de donde tu descansaba aquel verano, lograste sacarme a bailar. Odiaba el baile. Ahora me recuerda a ti.
Y nos besamos entre el jolgorio de la gente.
Pero las olas no duran más que un rato, y tras mojar la arena dejan un simple rastro de espuma en su camino. Al día siguiente tuvimos que despedirnos, y yo me fui a mi casa al norte, y tu, a tu casa aún más arriba.
Y al año siguiente veraneé lejos de allí, y aunque te busqué, ya no estabas ahí. No te he vuelto a ver desde entonces. Recuerdo que me dijiste que, cuando cogieras el avión vuelta a tu hogar y sobrevolaras mi casa, me recordarías. Sé que lo hiciste. Me pregunto si lo harás aún, o te olvidaste de mi.
O si me olvidaré yo de ti.
Pero en la playa, cuando piso la arena y veo mis huellas marcadas sobre la arena, antes de que el agua las borre con ese grito ahogado de los buenos recuerdos, busco las tuyas junto a las mias y pienso si el agua ya las habrá borrado.
Y recorro el camino buscando tus pasos.
Niègoch
